percibimos el vino

¿Cómo percibimos el vino?

Como ya hemos visto en el post “¿Qué tiene de especial el vino?“, según nuestro gurú de cabecera Gordon M. Shepherd, el sabor del vino se crea en el cerebro de los consumidores, es decir, un mismo vino no se percibe igual por diferentes personas. Esto es algo que ya sabemos, no es nada nuevo, y a unos nos gusta un vino que a otros no les gusta tanto, y viceversa. Hay personas que nos felicitan porque han probado un nuevo vino nuestro y les ha encantado, por ejemplo, Vicente Gandía Bobal Blanco. Sin embargo, hay otras que continúan comprando Castillo de Liria Reserva para comer una paella los domingos con los amigos.

Consumidores de vino hay de muchas clases y nos encanta la variedad

El vino está hecho de agua (80%-90%), alcohol (10%-20%) y el resto son varios nutrientes y compuestos que aportan color, aroma, sabor y cuerpo. La percepción del producto se hace integrando todos sus componentes que hacen que cada uno sea único. Pero de esto saben mucho más el equipo de enólogos de Vicente Gandía, que trabajan incansablemente para dar lo mejor en cada producto.

Entonces, ¿Cómo percibimos el vino? Si entendemos que es el cerebro, a través de los sentidos, el que forma el sabor del vino en cada consumidor, entonces debemos tener en cuenta todos los sentidos a disposición del consumidor y conocer su efecto en nuestro cerebro tanto en el proceso de compra como en la experiencia de consumo.

Y, ¿Cuáles son esos sentidos por los que percibimos el vino? Los principales sentidos que intervienen en la cata de vinos son la vista, el olfato, el gusto y la percepción a través del nervio trigémino que transmite sensaciones de calor/frío ( y también dolor, pero no es el caso, salvo cuando se acaba….)

Igualmente, y aunque no lo parezca, el sentido del oído es bastante importante en la experiencia de beber vino, aunque no tanto en su cata analítica. Sin embargo, el sonido de un corcho al estallar o el burbujeo de un vino espumoso siempre agradan al oído. La música es otro elemento que contribuye a la percepción del vino. Además, existen muchas investigaciones que relacionan la música con la experiencia del consumo de vino. Más importante aún, lo que una persona ha oído acerca de un vino suele influir en su percepción del mismo. De hecho, la industria de la publicidad y los críticos del vino depende, en gran medida, de este aspecto de la apreciación del vino.

Con respecto al tacto, el vino se puede sentir en la boca a través de sensores táctiles en la boca y la garganta y, además, existen factores extrínsecos al producto, como la forma y el peso de la botella, y otros muchos que intervienen en la percepción final del producto.

Pero es muy importante saber que no sólo catamos con nuestros sentidos, sino que catamos con nuestras mentes. Y nuestras mentes se ven afectadas de forma rutinaria por una serie de influencias de las que, con mucha frecuencia, ni siquiera somos conscientes. Estas influencias inconscientes son los sesgos cognitivos. Tanto nuestros sentidos como nuestro sentido común pueden estar afectados por una serie de factores extraños que se originan en lo que sabemos, o creemos saber, sobre el vino que estamos bebiendo.

Cómo percibimos el vino es una experiencia personal que se nutre de la información que nos llega de todos los sentidos. No todas las personas lo perciben igual, pero lo importante es que disfrutemos con moderación de este producto tan especial.

 

Artículo escrito por:
Raúl Custodio,
Director, Business Development

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